Pornografía, pospornografía: estéticas y políticas de representación sexual. Seminario dirigido por Beatriz Preciado 6 y 7 de junio de 2003.MACBA,Barcelona.
La Maratón Posporno es un proyecto intensivo que incluye conferencias, discusiones, prácticas performativas, proyecciones y documentación, a fin de facilitar la reflexión en torno a la pornografía, las nuevas tendencias pospornográficas y las diversas estéticas y políticas de representación sexual contemporáneas. El seminario presentará un conjunto representativo de documentos de la pornografía del siglo xx, ofrecerá acceso al debate teórico en torno a la pornografía y dará a conocer las nuevas tendencias pospornográficas. Todo ello en una maratón que se extenderá durante dos días y dos noches, y que incluye varios tipos de intervenciones: conferencias, proyección de clásicos de la cultura pornográfica y pospornográfica, discusiones sobre los pornos y su inscripción visual, estética y política, y talleres y performances.
En 1990, cuando Annie Sprinkle -trabajadora sexual y actriz porno norteamericana- utilizó por primera vez la expresión pospornografía para presentar su espectáculo The Public Cervix Announcement, en el que invitaba al público a explorar el interior de su vagina con la ayuda de un espéculo, nació un nuevo género de representación del sexo, crítico tanto con la imagen del sexo generada por la medicina como con la generada por los códigos de la pornografía tradicional. A la verdad del sexo pornográfico -recogiendo una fórmula de Foucault- Sprinkle oponía la producción teatral y artística de diversas ficciones del sexo. Durante los últimos años, la iniciativa de Sprinkle ha encontrado continuidad, desde diferentes ámbitos y con diversas inscripciones teóricas y estéticas, en los trabajos de Shelly Mars, Fatal Video, Virginie Depentes, Del LaGrace, Bruce La Bruce.Todos ellos comparten una misma perspectiva: quienes hasta ahora habían sido el objeto pasivo de la representación pornográfica (mujeres, actores y actrices porno, putas, maricas y bolleras, perversos, etc.) aparecen ahora como los sujetos de la representación, cuestionando así los códigos (estéticos, políticos, narrativos ) de visibilidad de sus cuerpos y prácticas sexuales, la estabilidad de las formas de hacer sexo y las relaciones de género que estas proponen.
Esta perspectiva crítica abre una brecha en la historia de la representación de la sexualidad, convirtiendo la pornografía en un género histórico preciso que quizás hoy, por primera vez, estemos en situación de analizar críticamente, y quién sabe si de dejar atrás. Desde el punto de vista de la pospornografía, la pornografía es un régimen de representación de la sexualidad que comienza en el siglo XVIII, contemporáneo del recrudecimiento de otros discursos normativos sobre la subjetividad, como el derecho o la medicina, y se caracteriza por dar visibilidad a un conjunto de prácticas y de cuerpos que aparecen como normales o bien como perversos. Como estilo cinematográfico crea una sintaxis exacta, inmediatamente reconocible: desnudez del cuerpo femenino, desmembración del cuerpo en órganos sexuales y no-sexuales, privilegio de los órganos sexuales en primer plano (tradicionalmente reservado al rostro en el cine), montaje repetitivo de la mecánica, más o menos afortunada, de la penetración, la felación y el cum shot.
Si bien siempre hemos creído que la pornografía era acosada por sucesivas olas de censura religiosa, moral o gubernamental, que impedirían representar el sexo tal como es, la crítica de Foucault ha puesto de manifiesto que el discurso de la pornografía no puede ser ni reprimido ni censurado, puesto que es el reflejo -como exceso visual- de las disciplinas económicas, médicas, legales, familiares y educativas de la modernidad. Todas ellas comparten con la pornografía el esfuerzo por normalizar o patologizar, por mostrar u ocultar diversas prácticas corporales. En este sentido, la pornografía no es sino un discurso entre otros sobre la verdad del sexo. Sería más correcto, señala Foucault, hablar de censura productiva, es decir, de la pornografía como pedagogía prescriptiva que nos dice qué es el sexo y cómo se debe hacer. Esta situación parece llegar hoy a su momento de máxima expansión y globalización, gracias a diversas tecnologías de producción y difusión audiovisuales y digitales, así como a los discursos sobre el cuerpo producidos desde la cultura cibernética. Y sin embargo, paradójicamente, por primera vez su hegemonía discursiva parece ponerse en tela de juicio.
Sin embargo, la verdadera crítica contra el régimen de representación pornográfico no procede de gestos jurídicos o morales que pretenden acabar con esta representación de la sexualidad criminalizando o prohibiendo su producción y difusión. No se trata de que la sexualidad sea privada o pertenezca al dominio de lo no representable, como reclaman ciertos movimientos del feminismo conservador o de la derecha y la izquierda abolicionistas. Por el contrario, la pospornografía afirma que la sexualidad es siempre representación, siempre performance. Se trata, por tanto, de evitar el monopolio de la representación, de oponer resistencia a la regulación normativa de la performance que se hace pasar por la verdad natural del sexo. La pospornografía trata de crear representaciones de la sexualidad divergentes, minoritarias, alternativas a las propuestas por la pornografía dominante.
Llamaremos pospornografía a un conjunto de performances, instalaciones, imágenes, textos y en general representaciones visuales que resultan de una perspectiva crítica ante la pornografía dominante y sus estereotipos de género y sexo. Se afirma así una nueva estética de representación de la sexualidad que, lejos de renunciar de manera purista a posiciones políticas, emerge precisamente de una politización de la mirada pornográfica.
Existe una cultura porno, igual que existe una cultura del cine experimental o del cine de autor. Sin embargo la discusión sobre los estilos, las técnicas y los modos de producción de la cultura pornográfica se ve limitada por la falta de archivos pornográficos, así como de recursos teóricos para el análisis histórico y crítico de la pornografía (falta de textos, de catálogos, diccionarios y cátedras porno, por ejemplo). Entre la negación abolicionista del feminismo conservador y otros moralismos de diversa índole y la aceptación silenciosa del usuario anónimo es posible generar un discurso, abrir un espacio de saber y de acción pospornográficos.

0 Respuestas a “Pospornografía”