“A Contrapelo” (À rebours) de Joris-Karl Huysmans, es un referente de novela decadentista.
En torno a 1880-1886, algunos jóvenes inquietos, anticonformistas y críticos frente al arte impersonal y academicista y frente al modelo de vida materialista del siglo,buscan una estética artística que no sea un puro reflejo de las aperiencias materials y objetivas de la vida y de la sociedad sino que permita acceder a la sensación de lo desconocido, de lo extraño, profundo e inexpresable.
La prensa de la época calificó de “Decadentes” a los artistas rebeldes y anticonformistas que cultivaban la melancolía,el refinamiento y el cinismo crítico frente a las normas.
Pero ellos, aceptaron esta etiqueta con un sentido diferente porque relacionaban dicho término con las ideas que había expuesto Baudelaire sobre el artista sensible que pretende ser personal, renovador y crítico, viviendo y expresándose en una “época de decadencia” o de sociedades que están atravesando un proceso de transformación.
Estos poetas admiran la labor de renovación literaria que, por el camino de la originalidad y la brillantez expresiva, realizaron los escritores y poetas de los siglos de la decadencia del Imperio Romano, después de un periodo de clasicismo y crisis social y política. Por tanto,la idea de decadencia está en relación con la de transformación y renovación.
Escritores como Baudelaire, Verlaine, Rimbaud y Mallarmé buscarán un lenguaje poético depurado y dotado de una sugestiva musicalidad y poder de fascinación y evocación.
En “A Contrapelo” (À rebours), se describe la celebración de un banquete fúnebre. Este “banquete fúnebre” sigue la pauta de uno muy famoso que organizó Grimod de La Reynière en París en 1783, y que fue comentado por diversos escritores de la época.
Sobre esta base histórica, Huysmans introduce elementos nuevos añadidos por su imaginación personal.
Estas excentricidades y extravagancias de Des Esseintes pueden tener como transfondo las confidencias que Mallarmé hizo a Huysmans sobre la vivienda y el comportamiento excéntrico del famoso dandi parisino el conde Robert de Montesquiou, que en su edad madura, sera conocido por Marcel Proust quien transpondrá algunos de sus rasgos en el personaje del baron de Charlus.
“…Muy sonados fueron también los banquetes que ofrecía a los hombres de letras; especialmente uno de ellos, en el que organizó un festín funerario, a imitación de los que existieron en el siglo XVIII, para celebrar el más banal de los infortunios.
Consistió en una cena servida sobre un gran mantel negro, engalanado con canastillas de violetas y escabiosas, e iluminado con unos candelabros de llamas verdes y con candeleros de cirios chisporroteantes. El comedor, adornado con colgaduras negras, comunicaba con el jardín de la casa, transformado al efecto, de forma que sus caminos se presentaban recubiertos con polvo de carbón, su estanque quedaba ahora rodeado con una franja de basalto y lleno de tinta, y en la parte cultivada aparecían filas de cipreses y de pinos.
Mientras una orquesta oculta interpretaba marchas fúnebres, los comensales eran atendidos por mujeres negras desnudas que calzaban chinelas y medias plateadas, salpicadas de lágrimas.
En platos ribeteados de negro, los invitados fueron comiendo sopa de tortuga, pan de centeno ruso, aceitunas de Turquía, caviar, huevas condimentadas de mújoles, morcillas ahumadas de Francfort, vanados guisados en salsa color betún, jaleas de trufas,cremas de chocolate, pudins,griñones,arrope,moras y cerezas negras; y bebieron, en vasos oscuros, vinos de Limagne, del Rousillon,Tenedos,Valdepeñas y Oporto.Después de tomar el café y el cordial de nuez,saborearon licores de Kwas y cervezas negras inglesas.
Las invitaciones para esta cena imitaban la forma de las esquelas mortuorias y anunciaban que el banquete se celebraba en honor de alguien que había perdido su virilidad…”
